A partir de los 25 años la producción de colágeno cae un 1 % cada año. A los 35 ya se acumula. Aquí explicamos qué tipos existen, cuál es para qué, y cómo no gastar en el equivocado.
El colágeno es la proteína estructural más abundante del cuerpo. No solo en la piel — también en huesos, cartílagos, tendones, ligamentos y paredes vasculares. Es literalmente el andamiaje que mantiene todo en su lugar. Y su producción empieza a caer alrededor de los 25 años, a un ritmo de aproximadamente 1 % por año.
A los 35, la caída acumulada es suficiente para que los efectos empiecen a ser visibles y sentidos: más lentitud en la recuperación de pequeñas lesiones, articulaciones que crujen más, piel que cambia de textura. No es catastrófico — es fisiológico. Pero hay cosas que se pueden hacer al respecto, y entenderlas vale la pena.
Los tipos que más importan y para qué sirven
No existe 'el colágeno' — existen al menos 28 tipos identificados. Los que más aparecen en suplementos y clínica son tres:
- Tipo I: el más abundante en el cuerpo. Clave para la piel (firmeza, elasticidad), huesos y tendones. Es el que más baja con la edad y el que más efecto estético tiene.
- Tipo II: el principal componente del cartílago articular. Relevante para articulaciones — especialmente rodillas, caderas y columna — y para manejo de osteoartritis.
- Tipo III: coexiste con el tipo I en piel, vasos sanguíneos y tejidos blandos. Relevante para la integridad intestinal y vascular.
Los suplementos que se venden para 'piel y uñas' suelen ser tipo I o una mezcla de I y III. Los orientados a articulaciones incluyen tipo II — y a veces condroitina y glucosamina para potenciar el efecto.
Hidrolizado, péptidos y gelatina: no es lo mismo
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El colágeno en su forma nativa no se absorbe como suplemento — las proteínas grandes no pasan íntegras al torrente sanguíneo. Lo que funciona es el colágeno hidrolizado, también llamado péptidos de colágeno: la proteína cortada en fragmentos pequeños que se absorben en el intestino y llegan al tejido objetivo como señales que estimulan la producción de colágeno propio.
La gelatina es colágeno parcialmente hidrolizado — tiene beneficios, pero menor biodisponibilidad que los péptidos. Marcas como Verisol (específica para piel), UC-II (tipo II nativo para articulaciones) o Peptan tienen ensayos clínicos propios que avalan sus formulaciones. No es solo marketing — hay diferencias reales según el proceso de hidrólisis.
Lo que potencia su efecto (y lo que lo destruye)
- Vitamina C: esencial para la síntesis de colágeno. Sin ella, el precursor no se convierte en colágeno maduro. Si tomas colágeno sin vitamina C, produces menos de lo que podrías.
- Zinc y cobre: cofactores necesarios para las enzimas que estabilizan la estructura del colágeno.
- Azúcar en exceso: la glicación — el proceso en que la glucosa se une a las proteínas — destruye el colágeno existente. El azúcar hace lo opuesto de lo que hace el suplemento.
- Tabaco y UV sin protección: dos de los mayores aceleradores de la degradación de colágeno cutáneo.
“El colágeno no es vanidad disfrazada de salud. Es infraestructura. Y como cualquier infraestructura, mantenerla es mucho más eficiente que intentar reconstruirla cuando ya colapsó.”
Lo que no hace el colágeno (aunque lo vendan así)
Tomar colágeno no elimina las arrugas que ya tienes — las modifica muy gradualmente y en cierta medida. No rellena el cartílago articular dañado de la noche a la mañana — actúa a lo largo de meses, con efectos más preventivos que curativos en etapas avanzadas. Y no tiene mucho sentido tomarlo sin saber qué tipo necesitas ni en qué dosis.
Si tienes 35 años o más: el tipo I hidrolizado (10-15 g diarios con vitamina C) es el punto de entrada más respaldado para piel y tejido conectivo general. Si hay dolor articular, el tipo II en dosis bajas (40 mg de UC-II nativo) tiene evidencia específica. Si quieres hacer algo al respecto, empieza por saber qué tipo es para ti.
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